La alimentación por edades del bebé en sus primeras etapas es uno de los aspectos que más preocupan a los padres. A grandes rasgos los patrones alimenticios son similares, pero diferentes expertos tienen diferentes apreciaciones de qué es lo adecuado.

Entre los 0 y los 4 meses la leche materna debería ser la única forma de alimentación por las excepcionales propiedades de la misma. Si no, el bebé debería de alimentarse mediante leche de fórmula. Durante la lactancia es aconsejable que la madre evite el alcohol, tabaco, café y otros productos que puedan alterar las características de la lecha materna.

Entre los meses 4 y 6 se pueden introducir cereales sin gluten (arroz, maíz, quinoa, …), así como papillas de frutas entre las que destacan naranja, manzana y pera, para posteriormente introducir plátano, uva o ciruela entre otros. Entre los purés de verduras destacamos los de boniato, calabaza, patata, judías verdes, calabacín, puerro o zanahoria.

Entre los 6 y 12 meses ya se podría incorporar pollo (carne blanca) en purés de verdura. El pollo es fuente de proteínas, es bajo en grasas y colesterol y, además, es menos susceptible de generar reacciones alérgicas. A partir de los 8 meses podrían empezar a introducirse pescados blancos (merluza, rape, lenguado) y para los pescados azules se debería esperar hasta después de los 12 meses. A partir de los 12 meses se puede introducir el huevo, primero duro y sólo la yema y posteriormente como tortilla. A partir de los 12 meses se podrán incorporar a la dieta verduras de hoja verde, tales como la acelga o las espinacas.

Entre los alimentos a evitar antes de los 12 meses son la miel (por la posibilidad de intoxicaciones botulínicas), los dulces y chocolates, los productos lácteos, nueces y frutos secos (por su alto potencial alergénico).

Esta introducción gradual de alimentos tiene como objetivo que los bebés puedan entre los 12 y los 24 meses comer una dieta similar a la que se consume en casa. En este sentido, una correcta alimentación en las primeras etapas de vida del hijo es una excelente oportunidad para que éste adopte una dieta equilibrada, lo cual beneficiará a su salud en el resto de su vida y que, a su vez, incentivará a toda la familia para adquirir hábitos más saludables de consumo de alimentos.

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